33. Laguna Lagrimal.
—No crees que esos dos están muy raros —comentó Ralion, clavando la mirada en la espalda de Eryn y el príncipe, quienes, a cierta distancia, parecían intercambiar palabras esporádicas con una calma que no existía antes.
Su hermano, Lioran, siguió su mirada y estudió la escena. Era cierto, había algo... una complicidad que trascendía la relación de un sirviente con su amo. Un roce de miradas, un gesto casi imperceptible.
—No sé por qué te sorprende —dijo Lioran con naturalidad—. Desde que conozc