26. La razón del Rey.
—Su Majestad, no puede tomar una decisión como esta —la voz de Lean no era un desafío, sino una súplica cargada de urgencia, un último intento de apelar a una razón que parecía haberse extraviado.
—¿No? Ya la he tomado, Lean —respondió el Rey, sin alzar la vista de los mapas desplegados sobre la mesa, como si la aniquilación de un pueblo entero fuera solo un movimiento logístico más.
—Alteza, es una locura —insistió Lean, y esta vez su voz tembló, traicionando el pánico que helaba su sangre—. E