13 Entre broma y broma...
Las quejas del mago no se hicieron esperar cuando el mayor le ordenó meterse en el arroyo.
—¡Que es innecesario que yo lo persiga! —gritó, mas Evdenor lo ignoró, sentándose en las hierbas mientras Eryn trataba de mantenerse en pie en el agua.
—Quiero ese pez —dijo—, ese es el que quiero cenar hoy.
—Pero, Evdenor, hay muchos y son iguales.
Este arrugó la cara como si el menor hubiera dicho una blasfemia.
—¡No es así! —regañó—. Ese tenía ojos bonitos. Es diferente a los otros peces. Es como si me