*—Max:
Llegaron al pequeño cuarto privado que Max solía usar. Era un refugio de las tensiones del club, y ahora, era el lugar donde las palabras no podían seguir siendo ignoradas. Cuando la puerta se cerró tras ellos, Max la soltó, pero su mirada nunca abandonó a Antonella.
Ella dio un paso atrás, tocándose la muñeca, donde su piel se marcaba por el roce del agarre. Max la observó, sintiendo una punzada de arrepentimiento por la forma en que había lastimado sus sentimientos, pero también se dio