Alma o Acero.
Selena se miró los dedos, aún marcados por el metal de las esposas. El laboratorio había quedado atrás, destruido por las detonaciones de los Centinelas. Pero la imagen de él, de Kain, seguía persiguiéndola incluso con los ojos abiertos.
El mismo cuerpo, la misma voz, pero sin alma. Sin Cayden.
El auto se deslizaba entre la neblina de la autopista abandonada. Viktor conducía sin mirar atrás. El parabrisas vibraba bajo el golpeteo de la lluvia, y el sonido era lo único que los separaba del silen