El éxito de la reestructuración de los activos del antiguo consorcio Valenzuela no tardó en resonar en las altas esferas empresariales y sociales del país. Sin embargo, para Mateo Castellanos, los verdaderos cambios no se medían en el volumen de los titulares de la prensa económica, sino en la paz con la que ahora caminaba junto a Ámbar por los pasillos de la torre corporativa del Grupo Castellanos.
A sus veintitrés años, Mateo había madurado hacia una figura de liderazgo indiscutible. Conserva