Los meses posteriores a la sentencia definitiva transcurrieron en una serenidad tan profunda que la tormenta desatada por Sofía de la Vega parecía haber ocurrido en otra vida. En la mansión Castellanos, los días se medían por el avance pausado del embarazo de Valentina, las tardes de juego de los mellizos en los amplios prados del jardín y la absoluta dedicación con la que Sebastián equilibraba sus responsabilidades corporativas para estar presente en cada instante importante.
Con el ingreso de