Tres semanas transcurrieron desde la noche en que el despliegue policial y judicial puso fin a las maquinaciones de Sofía de la Vega. En ese lapso, la ciudad entera fue testigo de la rapidez con la que el peso de la justicia es capaz de desmoronar la arrogancia de quienes se creen por encima de las leyes comunes. Los tribunales actuaron con una precisión matemática, impulsados no solo por la contundencia de las pruebas presentadas por el bufete de los licenciados Benavídez y Alvear, sino por la