Dos años transcurrieron con una asombrosa rapidez tras aquella noche mágica e inolvidable en la que Valentina y Sebastián unieron sus vidas en matrimonio. En ese período, la inmensa y majestuosa residencia del billonario experimentó una metamorfosis absoluta.
Aquel espacio arquitectónico que en los años de soltería de Sebastián solía ser silencioso, frío, imponente y puramente funcional —diseñado casi de manera exclusiva para un hombre cuya única obsesión era el trabajo corporativo y el control