La celebración de la boda de Valentina y Sebastián no fue simplemente un evento nupcial; fue el manifiesto público, aunque estrictamente privado, de una redención compartida.
Cada detalle del enlace había sido diseñado de manera meticulosa para reflejar la esencia de la nueva vida que ambos habían decidido construir desde los cimientos: una existencia definida por la intimidad, una elegancia sobria y desprovista de ostentaciones, y una paz profunda que ninguno de los dos había experimentado en