La víspera de la boda llegó acompañada de una tarde fresca y dorada. En la residencia Castellanos, los preparativos principales habían concluido con una organización impecable. El gran jardín trasero, donde años atrás Valentina y Sebastián renovaron sus votos tras vencer las amenazas iniciales, se encontraba transformado en un altar al aire libre rodeado de arcos de flores blancas y hileras de velas dispuestas a lo largo del sendero de piedra.
En el piso superior, en la biblioteca principal de