La recepción posterior se celebró en las terrazas y galerías iluminadas de la mansión. Mesas redondas vestidas con mantelería de hilo fino y decoradas con centros florales bajos permitían que los invitados conversaran en una atmósfera distendida y elegante. La música de un ensamble de jazz suave ambientaba la velada, mientras los camareros servían una cena concebida para destacar la gastronomía local sin excesos innecesarios.
Llegado el momento de los brindis, Sebastián se puso de pie desde la