El silencio dentro del automóvil era diferente al de otras noches.
No era el silencio pesado del miedo ni el de la tensión contenida después de un enfrentamiento. Era un silencio lleno de pensamientos, de emociones todavía acomodándose en su lugar.
Sebastián conducía con calma por la avenida iluminada. Las luces de la ciudad se reflejaban sobre el parabrisas mientras el tráfico nocturno avanzaba lentamente.
Valentina miraba por la ventana.
Todavía podía ver la imagen de Daniel sentado en aquell