Una hora después, Valentina estaba lista.
Había elegido ropa sencilla: un pantalón oscuro, una blusa de manga larga y un abrigo liviano. Se miró al espejo antes de salir de la habitación y sintió una extraña mezcla de nervios y emoción. No recordaba la última vez que se había preparado para salir sin miedo, sin la presión de llegar rápido a casa o de evitar preguntas incómodas.
Cuando bajó las escaleras, Sebastián ya la esperaba junto a la puerta. Llevaba un abrigo oscuro y las llaves del auto