Los días comenzaron a pasar con una calma que Valentina no había experimentado en mucho tiempo.
Cada mañana despertaba con una sensación extraña: no tenía miedo inmediato. No había gritos detrás de la puerta ni pasos amenazantes en el pasillo. La casa de Sebastián estaba llena de silencios tranquilos, de luz entrando por las ventanas y de pequeños sonidos cotidianos que para ella resultaban completamente nuevos.
Aun así, había momentos en los que su mente regresaba al pasado.
Aquella tarde, Val