Después de que el automóvil de Daniel desapareció al final de la calle, el silencio volvió a envolver la casa de Sebastián Rossi. Pero ya no era el mismo silencio tranquilo de antes. Ahora estaba cargado de tensión, de miedo… y también de determinación.
Valentina seguía en la sala, sentada en el borde del sofá con las manos entrelazadas. Su cuerpo todavía temblaba ligeramente. Había visto esa mirada en su hermano muchas veces antes: la mirada de alguien que no acepta perder el control.
Sebastiá