Clary durmió mejor.
No porque el deseo se hubiera calmado. Ni porque la noche hubiera dejado de pesarle en la piel. Durmió mejor porque Jack volvió.
Eso, en una vida como la suya, empezaba a significar demasiado.
A la mañana siguiente despertó con una claridad rara en el pecho, como si por fin algo dentro de ella hubiera dejado de pelear consigo mismo. Seguía habiendo miedo. Seguía habiendo tensión. Seguía existiendo el peligro real, con nombres, firmas y hombres buscando tocar Blackwell sin ac