Clary tardó varios minutos en moverse después de que Jack se marchó.
La terraza quedó en silencio, con la lavanda agitada apenas por el viento y el cielo ya completamente oscuro sobre Blackwell. Pero en ella no había silencio alguno. Todo seguía demasiado vivo. La boca. La garganta. El muslo donde la mano de Jack había despertado algo lento y profundo que todavía parecía seguir latiendo bajo la piel.
Se llevó una mano al pecho y soltó el aire despacio.
No era justo que pudiera hacerle eso y lue