El navío continúa su curso hacia el puerto de Goldland, esta vez sin ningún contratiempo. El sol termina de ocultarse y en compañía de la oscuridad y las estrellas arriban a la costa.
La puerta del camarote se abre y Adrián, desde el escritorio, le hace una señal a Thomas, quien rápidamente se quita los auriculares y los esconde junto al reproductor.
—Bueno muchachos —dice Robert mientras el barco se detiene y se escucha como los barriles comienzan a rodar—. Por fin hemos llegado a Goldland.
Lo