En algún lugar, desconocido por todo ser humano, se encuentra el oráculo junto al gran Nukkuja.
—El momento ha llegado —dice aquel gran ser sentado en su trono hecho íntegramente de huesos, sumergido en las sombras.
—Sí que fuimos pacientes —agrega el oráculo parado junto a él—. Mil años han pasado.
El gran Nukkuja se pone de pie, debido a su altura es imponente. Inclinando su torso hacia adelante camina unos pasos y se ubica al borde de una gran caída, dejándose ver, iluminado por el fuego de