En cuanto volvieron a su casa, después de los brownies, Aye no perdió tiempo y se llevó a Alex a la sala de juegos y no lo dejó irse hasta la hora de la cena, aunque él tampoco deseaba irse, había extrañado jugar con ella y hacerla enojar cuando no la dejaba ganar, se divertía mucho cuando se enrojecía de la rabia al igual que hacía su madre.
Lina los había dejado solos, se tomó de las maletas de él, acomodó todo como estaba antes, se tomó de la cena y luego de cenar, mientras Alex llevaba a la