—Señor Betanckurt —vuelven a llamarlo.
-Si; lo escucho —exclama conteniendo un gruñido al sentir la lengua de Lina lamiendo de arriba abajo su pene. Solo una lengüeteada fue, pero Alex la conocía y sabía que lo quería volver loco, por lo tanto, sabía que se venía la próxima lengüeteada.
— ¿Se encuentra bien? —le preguntan. El hombre al otro lado entorna los ojos y se acerca más al monitor—. No se ve muy bien y está sudando —le hace saber.
Alex se lleva el dorso de la mano a la frente y, en efecto, estaba sudando, se limpia y cierra los ojos cuando Lina muerde delicadamente la punta de su glande, haciendo dar un respingo.
—Lo siento —la voz le tiembla—. No me estoy sintiendo muy bien, ¿podríamos dejar la reunión para mañana a primera hora?
—¿A primera hora de su horario o del nuestro? —bromea uno de ellos.
—La diferencia de horario —aprieta los dientes, Lina volvió a pasarle la lengua de forma torturante—. A primera hora del horario de ustedes, no voy a sacar tiempo que ocupan co