—Señor Betanckurt —vuelven a llamarlo.
-Si; lo escucho —exclama conteniendo un gruñido al sentir la lengua de Lina lamiendo de arriba abajo su pene. Solo una lengüeteada fue, pero Alex la conocía y sabía que lo quería volver loco, por lo tanto, sabía que se venía la próxima lengüeteada.
— ¿Se encuentra bien? —le preguntan. El hombre al otro lado entorna los ojos y se acerca más al monitor—. No se ve muy bien y está sudando —le hace saber.
Alex se lleva el dorso de la mano a la frente y, en e