Él sonríe para luego atracar su boca otra vez. Sin dejar de besarla la levanta obligándola a que enrede sus piernas en él y la lleva hasta la cama, dejando olvidado el postre y todo lo que implicaba ese juego de las frutas. Con cuidado la posa en el centro de la cama, el rubio se posiciona en medio de sus piernas mientras besa su cuello y mordisquea su lóbulo. Con ágiles manos levanta su vestido hasta sacárselo por la cabeza, Ian mira el cuerpo de su mujer y tiembla ligeramente al ver su ropa i