Un delicado roce por su piel recorriendo su brazo como un susurro y unos suaves toques con lánguidos besos en su oído, la dan un suave despertar. Primero comienza a desperezarse ya ronronear sin siquiera abrir los ojos, luego sonríe a sentir que los pequeños toques de labios viajan detrás de su oído y el aliento caliente le estremece desde esa zona hasta la punta de sus pies.
—Despierta, dormilona —le susurra al oído—. Hay algo que quiero mostrarte —aprieta con sus labios el lóbulo femenino pr