Un delicado roce por su piel recorriendo su brazo como un susurro y unos suaves toques con lánguidos besos en su oído, la dan un suave despertar. Primero comienza a desperezarse ya ronronear sin siquiera abrir los ojos, luego sonríe a sentir que los pequeños toques de labios viajan detrás de su oído y el aliento caliente le estremece desde esa zona hasta la punta de sus pies.
—Despierta, dormilona —le susurra al oído—. Hay algo que quiero mostrarte —aprieta con sus labios el lóbulo femenino provocando que un gemido ahogado se escape de lo profundo de su ser y eso a él le hace sonreír.
—¿Dormilona? —pregunta Sofi divertida abriendo los ojos, se gira para quedar frente a su hombre—. Si no me has dejado dormir casi nada —se queja en burla.
—Como si te hubiera importado —suelta con arrogancia Ian.
—¿Qué quieres mostrarme? —curiosoa abriendo los ojos para clavarnos en los de él.
—El amanecer —murmura con voz ronca.
Le planta un sonoro beso en los labios para luego tomarla de la mano