28. El gran regreso
— ¡Alexander, Milena! ¡Alexander, Milena! — gritos incesantes se empezaron a escuchar un tanto ahogados por la distancia, gritos que no eran apagados aun a pesar del sonido que aquel cuerpo de agua emitía tras aquel elemento chocar contra las rocas cercanas en su incesante batir, aun se encontraba rebelde y era fácil de percibir.
— ¡Alexander, Milena! ¡Alexander, Milena! — varias voces masculinas gritaban sin cesar nuestros nombres pues buscaban por todos sus medios dar con el lugar en el cual