27. La travesía
Alexander estaba inquieto, aparentemente no estaba muy complacido con la idea de tener que irnos una vez que vio aquellas letras inscritas en la pared.
— Milena sé que no soy de tu total agrado, pero... — dijo mientras fingía emanar una cálida voz de terciopelo mientras se disponía a mirarme — te pido un favor, antes de marcharnos quisiera que en algún momento tú y yo volvamos a este lugar, me agradaría mucho repetir esto nuevamente contigo.
— ¿Y porque yo? En todo caso no soy relevante en est