Carmine se retiró las vendas de los ojos y apretó los labios para evitar reír al ver el rostro de Giacomo. Él tenía la cara manchada con restos de yogurt de fresa, producto de cada vez que había intentado darle de comer, evidentemente sin mucho éxito.
—No lo hice tan mal —musitó.
—No, por supuesto que no —respondió Giacomo, tratando de contener la risa. No necesitaba verse en un espejo para saber el estado de su rostro.
—Creo que te faltó un espacio en su mejilla derecha —comentó Lionetta, y es