Giacomo despojó a Carmine lentamente de su camisón, dejándola desnuda de cintura para arriba. Se tomó unos segundos para admirarla. No había nada en ella que no fuera perfecto, ella estaba hecha para tentarlo cada momento del día.
Se inclinó sobre Carmine y su lengua salió al encuentro de uno de sus senos, acariciándolo primero con delicadeza antes de tomarlo completamente en su boca. Carmine no pudo contener el gemido que escapó de su garganta. Su cuerpo respondió instintivamente, arqueándose