[KEIRA]
El único sonido que llena la habitación es el de nuestras respiraciones todavía agitadas. Y aunque no puedo negar que esto me encantó, tampoco puedo ignorar que es, objetivamente, una absoluta locura.
—¿En qué piensas? —pregunta Dane.
Giro el rostro. Está acostado a mi lado, mirándome fijamente con esos ojos grises que son una perdición, incluso en esta penumbra azulada.
—En que fue una locura —admito.
Él asiente, una sonrisa ladeada curvándole la boca.
—Lo fue. Pero fue una locura deliciosa, ¿no? —bromea.
Sonrío.
—La verdad que tu ex es la mujer más tonta del mundo.
La risa que escapa de su pecho me provoca un temblor extraño. Dane se gira, queda de costado, apoyando el codo en el colchón para sostener su cabeza con una mano.
—¿Puedo preguntar por qué lo dices? —inquiere.
Decido imitarlo para quedar frente a frente. No puedo evitar morderme el labio al apreciar la vista: su torso desnudo, fuerte, definido, iluminado por la luz tenue de la madrugada.
—Porque mírate… —digo sin