Despertarme esta mañana ha resultado ser toda una odisea, pero no es para menos. Entre la tristeza que llevo meses intentando superar y el golpe que me di en el brazo, conciliar el sueño fue casi imposible. Tanto, que cuando mis ojos finalmente comenzaron a cerrarse vencidos por el cansancio, el reloj marcaba las tres y media de la madrugada. Para mi desgracia, ahora marca las seis y media mientras termino de vestirme para mi reunión. En pocas palabras: parezco un zombi, uno bastante bien vesti