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Olivia soltó un quejido y se retorció de placer cuando sintió el nudo de su alfa expandiéndose en su interior. Su pequeño cuerpo se derritió entre los brazos de su alfa cuando llegó al orgasmo. Estaba acalorada, las puntas de sus dedos cosquilleaban y sus piernas parecían de gelatina.
—Buenos días, Olivia.
Olivia cerró los ojos y frotó su pequeña nariz con la de su alfa mientras él le apartaba el cabello húmedo del rostro.
—Buenos días, Alejandro.—Olivia dejó un reguero de besitos húmedos sobre la pequeña cicatriz en la mejilla del alfa, gesto que había tomado por costumbre últimamente, hasta que el nudo se desinflamó y Alejandro salió de su interior.
—¿Quieres ducharte conmigo?
La omega negó con la cabeza mientras se envolvía con las sábanas y giró sobre su estómago.
—¡No, quiero seguir durmiendo!
—Podrás seguir durmiendo en la camioneta. —Alejandro se inclinó y le dio muchos besos en el oído.—Ven, dúchate conmigo.
—Me gusta tu aroma sobre mi piel.
—Aunque tomes uno y mil baños segui