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Olivia soltó un quejido y se retorció de placer cuando sintió el nudo de su alfa expandiéndose en su interior. Su pequeño cuerpo se derritió entre los brazos de su alfa cuando llegó al orgasmo. Estaba acalorada, las puntas de sus dedos cosquilleaban y sus piernas parecían de gelatina.
—Buenos días, Olivia.
Olivia cerró los ojos y frotó su pequeña nariz con la de su alfa mientras él le apartaba el cabello húmedo del rostro.
—Buenos días, Alejandro.—Olivia dejó un reguero de besitos húmedos sobre