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—Déjame sola...
—¿Te dio un ataque de pánico? ¿Estás nerviosa por la boda?—David la abrazó hasta acomodarla sobre su regazo y tarareó una canción mientras desprendía su aroma para calmarla.—No llores, todo está bien. Tranquila. Te tengo, no tengas miedo.
—Yo no te merezco, David...—La omega gritó llorando.—¡Tú me vas a odiar!
—Ya tuvimos esta conversación antes. Deja de decir este tipo de cosas.
—¡David... por favor... escúchame! —Harper le aferró el rostro con desesperación.—Estamos a tiempo de cancelar todo. No cometamos un error...
—¿Realmente tanto te repugna la idea de ser mi omega?
Harper rompió en llanto otra vez.
—¡Yo quiero ser la omega que mereces, maldición!
—Ya lo eres, amor.—David le dio un beso.—Eres todo lo que necesito. Sé que estás asustada, pero lo superaremos juntos. Vamos a ser felices tú y yo. Confía en mí.
Era imposible hablar en este momento. Y lo peor de todo es que ahí, entre los brazos de David, el único alfa que realmente la había amado, Harper comprendió un