Dentro del búnker, el aire olía a ozono, metal y aceite de motor. Vesper estaba sentada sobre una caja de suministros, abrazando a su hermano pequeño, quien dormía profundamente arrullado por el zumbido constante de los servidores. El parpadeo de las pantallas gigantes dominaba la estancia, arrojando una luz azulada y espectral sobre nosotras.
Uno de los guardias de élite que Thomas había dejado para nuestra custodia, un lobo veterano llamado Marcus con el rostro cruzado por una cicatriz antigu