Ajusté los puños de mi camisa mientras caminaba hacia el ventanal del despacho, observando la ciudad antes de girarme hacia la mesa de centro, donde se desplegaban docenas de bocetos, muestras de seda, terciopelo y diamantes incrustados. Me serví un trago corto de whisky, con la mirada fría y calculadora fija en las propuestas frente a mí.
—Dime que los bocetos de la línea de alta costura para los Premios Oscar están terminados, Carmen —dije con voz grave y pausada, señalando con un gesto elega