Tres días después de que el calor terminara, la mansión finalmente comenzó a recuperar su pulso normal. El aire espeso y sofocante que había dominado cada rincón de la casa cedió ante la brisa fresca de la montaña, y los guerreros volvieron a sus puestos de guardia con una energía renovada, hambrientos de entrenamiento y con el orgullo intacto por haber aplastado el plan de Archer.
Yo estaba sentada en la isla de la cocina, sosteniendo una taza de té caliente entre las manos. En mi dedo anular