La tensión de la noche anterior se había disipado en el momento en que Thomas cruzó la puerta de la mansión con Vesper y su familia a salvo. No hubo una batalla sangrienta, solo una victoria silenciosa y arriesgada en territorio enemigo.
Mi pie ya estaba mucho mejor. La hinchazón había bajado gracias a los ungüentos de Freya y a la increíble capacidad de recuperación que, según Thomas, estaba adquiriendo por llevar a su heredero. Ya no me molestaba al apoyar el peso, y el alivio de poder moverm