Yo me encargaba de los oficiales. Usaba el aura Alfa para paralizarlos por el terror un microsegundo, el tiempo justo para estrellarlos contra los árboles o el suelo helado, rompiendo sus voluntades y sus huesos cortos para asegurar que no se levantaran en horas. El olor a miedo y dolor llenaba el aire, pero no había sangre, solo la eficiencia de la manada del sur.
Llegamos a la choza miserable en los confines del campamento principal. Estaba custodiada por cuatro guerreros de élite de Archer,