Llamas respondió con un rugido que no fue sonoro, sino una explosión de energía pura que me atravesó la columna vertebral. Sentí cómo mis músculos se desgarraban y se recomponían en microsegundos, volviéndose más densos, más eficientes. Mis sentidos se agudizaron hasta un punto doloroso; podía escuchar el aleteo de un búho a kilómetros y oler el rastro individual de cada lobo de Archer en la frontera.
El poder Alpha se desbordó, tiñendo mi visión de un rojo dorado. Mi cuerpo negro se volvió una