—¿Por qué quieren tus padres que te vayas? —preguntó Freya, sin rodeos—. Un lobo no entrega a su hijo a otra manada así como así.
Vesper apretó un plato de madera entre sus manos, dejando escapar un suspiro amargo.
—Nos estamos muriendo de hambre —confesó, alzando la vista con impotencia—. Trabajamos de sol a sol, cazamos hasta el cansancio, pero los pocos recursos que hay se los quedan Archer y Mayra para sus guardias. En nuestra manada no hay abundancia; hay escasez y miseria. Mis padres pref