Capítulo 77. El lugar equivocado.
Víctor no era un hombre de esperar. Si alguien le disparaba, él devolvía el fuego con un misil.
Entró a las Empresas Mendoza como una fiera, con la mandíbula apretada y la mirada fija.
Subió el ascensor solo; nadie tuvo el valor de entrar con él al sentir la tensión que desprendía.
Al llegar a la presidencia, la secretaria se levantó asustada, perdiendo la sonrisa al instante en que se topó con sus ojos llenos de furia.
—Un gusto, señor Grimaldi. Por favor, espere un segundo... —trató de decir