Capítulo 78. Ingrata sorpresa.
Amanda se miró al espejo y no pudo evitar una sonrisa llena de picardía. Se sentía poderosa, radiante y, sobre todo, deseada.
Para la sorpresa de esa noche, no había escatimado en gastos.
Llevaba un conjunto de lencería de encaje negro tan atrevido que era poco más que un susurro sobre su piel.
El sujetador era de copas abiertas, apenas bordeando lo necesario con bordados delicados, y el liguero sujetaba unas medias de seda que subían por sus muslos firmes.
Era una invitación directa al pecado,