Capítulo 37. Mi todavía esposa.
Llegaron a la mansión Grimaldi pasadas las once de la noche, riendo por lo bajo en la entrada.
Una de las chicas del servicio, que iba cruzando el pasillo principal, los miró de reojo y no pudo evitar sonreír al verlos.
Por primera vez en todos esos años de casados, parecían un matrimonio normal.
Amanda tenía un brillo distinto en los ojos y Víctor había dejado botado por completo ese traje de CEO amargado e intocable que siempre llevaba puesto.
Subieron juntos las escaleras hasta llegar a la h