Capítulo 32. Regresa el pasado.
El cansancio la venció y cayó rendida. En la madrugada, se despertó al sentir el lado derecho de la cama vacío.
El sonido de la ducha le sacó una sonrisa pícara; se imaginó entrando sigilosamente para que Carlos la tomara contra las frías baldosas.
Pero al girarse para levantarse, un destello en la mesita de noche la frenó. Era una pesada esclava de platino macizo, una joya carísima y exclusiva.
Amanda se quedó paralizada y el estómago se le revolvió. Esa pulsera era idéntica, detalle por detall