Capítulo 26. No puedo perder.
Amanda cruzó la puerta de su habitación arrastrando los pies. Estaba muerta del cansancio.
Dejó el bolso tirado en la silla más cercana y se dejó caer de espaldas sobre la cama sin molestarse en prender las luces.
Tenía el cuerpo pesado y la cabeza le daba mil vueltas después del día tan largo en la fundación.
Cerró los ojos un momento y recordó de golpe que tenía la cita pautada con Carlos para las nueve de la noche.
Suspiró, debatiéndose internamente. Le encantaba estar con él, pero siendo si