Capítulo 154. Fin de la pesadilla.
El reloj de péndulo del pasillo principal marcaba las ocho de la noche.
El silencio en la mansión Grimaldi era profundo, casi irreal.
Amanda caminaba de un lado a otro en la inmensa sala de estar. Las horas habían pasado con una lentitud agonizante desde que recibió aquel escueto mensaje de texto desde Panamá.
Solo tres palabras: «Se acabó. Voy a casa».
No había podido probar bocado. Su corazón latía desbocado, atrapado entre la esperanza y el terror residual de las últimas semanas.
Cada sombra