Capítulo 129. Sospechas.
—Ahora estoy el doble de alerta y mucho más pendiente de mi esposa —afirmó Víctor, con un tono protector inquebrantable—. No pienso bajar la guardia nunca más.
—Qué bueno, Víctor. Me alegro por ti, de verdad. Al menos tú tienes a la mujer de tu vida a tu lado y todo se está arreglando.
Víctor lo observó detenidamente.
A pesar de la sonrisa cínica, conocía a su amigo desde hacía demasiados años como para no notar esa sombra de amargura en su voz.
—Llevo días notándote tenso, ansioso… ¿Todo bien