Tomé los cubiertos y en absoluto silencio comencé a devorar las pastas. Sin embargo, el ruido que hicieron los cubiertos al caer en el palto de porcelana, captó mi atención y miré al hombre que se sentaba frente a mí. Me estaba observando con el ceño fruncido y los brazos cruzados al pecho.
—Pareces una niña caprichosa —lo ignoré y seguí comiendo—. ¿Pretendes o no poner de tu parte en algún momento de la noche?
Rodé los ojos y me limpié la boca luego de terminar de engullir la cena. Estaba deli