Capítulo 163. Nada que perder
El cuerpo de Serguei yacía a un lado, con la sangre ya seca en el suelo de concreto. Nadie se acercaba. Nadie decía su nombre.
Él era un jefe, ya no, fin de la historia.
Santiago entró al lugar con pasos calculadamente lentos. La escena no lo perturbó. Al contrario, esbozó una mueca satisfecha.
Quien lo hacía quedar mal delante de Nikolay ya no existía, pensó que este era el momento que estaba esperando.
—Nunca fue confiable —dijo, señalando con la mirada el cadáver—. Tenía un aire