Años después
El viento soplaba suave entre los árboles que bordeaban la antigua ciudadela de Masquerade. Los muros, alguna vez marcados por el fuego y la guerra, ahora se cubrían de enredaderas y flores traídas de los distintos reinos. El palacio resplandecía bajo la luz de un sol tenue, inquebrantable, como si el mismo cielo hubiera decidido rendirse a la paz.
En los jardines colgaban estandartes negro y rojo, con el escudo del Clan.
Los reinos, aunque aún distintos en cultura y esencia, vivía