Alessia Despierta
El silencio en la cámara de la matriarca era tan profundo que parecía proteger el tiempo mismo.
La luz de la luna entraba filtrada por los cortinajes de seda que colgaban pesadamente de los ventanales. El aire olía a rosas, a magia suave y a las hierbas que las sanadoras de Carmesí que las protectoras renovaban cada día con devoción. Todo estaba dispuesto con meticulosa reverencia: flores frescas, velas encendidas con una llama que no ardía, sino que latía. Y en medio de esa s